2 comments on “INTERSTELLAR

  1. Estoy bastante de acuerdo con lo que dices cuando hablas de la escala de la película. En ese sentido creo que ésta es probablemente la película de Nolan más “nolanista” que hemos visto hasta ahora. Tiene todos sus defectos y sus virtudes ampliados a una escala galáctica, a falta de otra palabra. Lo que me parece interesante discutir es cuáles son realmente defectos y cuáles virtudes, porque yo no estoy del todo de acuerdo con muchas de las generalizaciones que se oyen y leen al respecto.

    (Por cierto, me siento ya un poco ridículo diciendo esto a estas alturas de internet, pero va a haber SPOILERS)

    Los diálogos expositivos, por ejemplo. Parece un lugar común ya a estas alturas decir que Cristopher Nolan llena sus películas de personajes que lo cascan todo y eso es totalmente cierto e indiscutible. Lo que no tengo yo tan claro es que sea algo que se pueda considerar siempre negativo. Hay en el mundo del cine y del guión la idea de que ciertas cosas son de buen cineasta, (contar con imágenes, sugerir en vez de explicar, dejar cosas en el fuera de campo…) y otras son de inútil y vago (diálogos largos, voces en off, secuencias con dos personajes hablando…). Yo soy de la teoría de que si eres realmente bueno haciendo algo y te gusta… Coño, hazlo, por mucho que las normas tradicionales del buen cine indiquen lo contrario. Scorsese consigue voces en off magistrales y Tarantino secuencias de tíos sentados hablando que ya están en los altares del cine. Yo afirmo aquí y ahora que Cristopher Nolan y su hermano son los putos amos, que diría Guardiola, de los diálogos expositivos. Origen es un diálogo expositivo de principio a fin y eso no quita que sea una gran película. Yo creo que nadie puede conseguir que Michael Caine me explique de palabra y con todo tipo de detalles la secuencia de plagas que se han producido y producirán, los planes A y B que hay previstos para salvar al mundo, la misión que lanzaron ya hace diez años para implementar unos de esos planes… Y que yo no sólo me lo coma con patatas, sino que lo disfrute como un enano y esté ansioso de ver las consecuencias de lo que me está contando. Para mí la clave de estas secuencias es que sí, son expositivas, pero aun así consiguen no tratar al espectador como un tonto al que hay que explicárselo todo. Nolan con estos diálogos te interpela directamente, te da continuos ganchos, crea mininarrativas y discursos que te llevan y que te hacen sentir que te están tratando de tú a tú, que eres listo por ser parte de este diálogo y entrar en este entorno privilegiado, no al contrario. Nolan te da la bienvenida a través de estas secuencias a mundos fascinantes que son por completo intelectuales, te abre las puertas de la maravilla a través de la palabra y no de la imagen. En ese sentido, la película es muy clara y se empeña con ahínco durante la mayor parte del metraje en negar ese “sense of wonder” que cualquier otro cineasta daría con planos abiertos y espectaculares del espacio. Él pega la cámara al casco de su nave, oscurece y bloquea la visión, te enseña una estación espacial sólo desde el interior y en una ocasión incluso te haces una mejor idea sobre el planeta que van a visitar por un gráfico que dibujan los personajes en una pizarra que porque él lo ruede en ningún momento. Nolan se reserva el plano abierto y la exploración del espacio para dos momentos muy concretos. La llegada a Saturno (para darte a entender que ya no hay vuelta atrás y que están ahí, solos en esa inmensidad, cosa que un personaje reafirma con, sí amigos, un diálogo expositivo) y, sobre todo, el agujero negro (este último porque es casi un espacio interior, un lugar abstracto que sólo conocemos intelectualmente, que nadie ha pisado, y por eso a Nolan le fascina). Aparte de esos momentos contados, éste no es un viaje físico, sino filosófico e intelectual, como lo son casi todas sus películas.

    Yo tengo la impresión de que Nolan es un tío que, más que ficción, hace ensayo. Sus películas son siempre reflexiones sobre conceptos, en ocasiones muy abstractos, y toda su fuerza radica en eso, en lo centradas que están temáticamente, en la fuerza e intensidad que adquieren esos conceptos y la manera en que nos los transmite. Esta es para mí la característica que más define su cine y que es en muchos casos una virtud y en otros, esta vez sí, un gran defecto, y es que, dado que Nolan habla de conceptos, nunca acaba creando personajes. Harvey Dent es el “alma de Gotham”, el Joker es “la encarnación del caos”, y así con todos. Lo que no son en la mayoría de los casos es personas con rasgos definidos, con personalidades atractivas y complejas. Son avatares que Nolan mueve según su interés temático de forma fascinante para hacerlos chocar y crear así su discurso moral. En Interstellar se ve a la perfección en la tripulación de la nave. No hay ninguna interacción ahí de las que normalmente podríamos haber encontrado en una película de este tipo. No hay choque de personalidades, no hay evolución en las relaciones, no hay simpatías u odios, no hay diferencias entre sus maneras de abordar la misión… ¿Qué hay? Una discusión filosófica sobre si el amor es lo que tiene que guiar la exploración científica y servir como constante intuitiva de nuestra exploración del universo, o tenemos que seguir criterios mucho más racionales y científicos. Una discusión que es básicamente el corazón de la película, su reflexión principal, pero que a nivel personal está muy poco anclada. Al fin y al cabo nos acabamos de enterar de que Anne Hathaway, el personaje probablemente peor definido en una peli llena de ellos, está enamoradísima de un tío al que lleva como diez años sin ver y al que nosotros como espectadores no conocemos de nada. Al mismo tiempo, este mismo personaje, el de Anne, diez minutos antes de esta defensa a ultranza del amor como única constante universal, era la que abogaba por centrarse en la misión ante todo y no dejar que los criterios más familiares de Mathew afectasen a su exploración de los planetas. Este cambio de parecer está muy poco anclado en lo que estamos viendo, no se explica de manera emocional, porque aunque sí hay motivos narrativos, de trama, que lo justifican (ha pasado veinte años en un planeta en el que, además, ha dejado morir a un compañero, y eso cambia su perspectiva, le hace ver que ha perdido más a nivel personal y humano de lo que nunca pensó) no sentimos el verdadero peso real y emocional en ella, porque Anne no es una persona, no nos la creemos ni empatizamos con ella. Ahí radica el reverso tenebroso del estilo Nolan, en que la trama no funciona. Cuando se mueve en un nivel puramente intelectual y reflexivo, cuando está haciendo disquisiciones sobre la naturaleza humana, Nolan alcanza la gloria. Pero Nolan está haciendo pelis de ciento y pico millones de dólares en Hollywood, así que piensa que no puede entregar sólo tratados reflexivos, tiene que meter argumento y trama y ahí es cuando la caga, porque para que eso aguante necesitas a unos personajes de verdad que tiren de ella y que le importen al espectador. Un ejemplo muy claro para mí se ve en Dark Knight, cuando Batman se va a Japón a por no sé qué Mcguffin que a nadie le interesa, pero que sirve para dar un poco de peripecia y acción. Es un coñazo, se hace largo y si lo quitas a nadie le habría importado.

    El equivalente en Interstellar es el puto Matt Damon. En mi humilde opinión, no hay absolutamente nada que funcione en esa parte de la película. Nolan pierde totalmente el foco narrativo y temático de la película para meter dos tramas en paralelo, una en la tierra y otra en un planeta desolado, que pretenden ser tensas y estar llenas de acción, pero que se hacen insoportablemente aburridas y carecen de todo interés. Si estos minutos de película se hubiesen quedado en la sala de montaje, nadie los habría echado de menos. ¿Y por qué? Porque los personajes no tiran de la trama. Jessica Chastain y Casey Affleck no son nadie, no los conocemos, y encima se ven envueltos en una excusa argumental de lo más pobre (tu familia está enferma, me los quiero llevar pero no me dejas así que te quemo un campo de maíz para distraerte) que no sólo no tiene mucha base emocional, sino que no está relacionada en absoluto con el corazón temático o la discusión filosófica que la película nos ha planteado. Lo mismo sucede con Matt Damon. Parece sacado de otra película, aparece de la nada para sumirse en ella de nuevo, y su relación temática con el resto de lo que se nos cuenta es demasiado tangencial. Esta trama habla de cómo la soledad corrompe al mejor de todos nosotros, de que el impulso científico y el ansia de conocimiento no es suficiente (aquí está la relación) si no tiene algo detrás; no se ama a la humanidad, se ama a las personas y Matt sólo se ama a sí mismo. Bien, vale, podría llegar a ser relevante para lo que están contando, pero narrativamente es un fracaso porque nos da igual la traición de Matt o su locura (puntuada por el diálogo expositivo más pesado, éste sí, de toda la peli), no nos importa él, ni nos importa el personaje que muere como consecuencia. Nos importa Matthew McConaughey y saber si va a encontrar lo que busca y todo este trozo no es más que un callejón sin salida en el que nos da muchísima pereza meternos.

    Nolan en mi opinión, tiene otra gran virtud, que es mencionada por muchos, que es la de hacer trepidante e intenso aquello que de otra manera no lo sería nunca. Si alguien me dice que una de las escenas con más fuerza de la película sería la maniobra de acople de una nave con otra que está girando a una velocidad muy superior y para la que es necesaria mucha destreza y precisión en los cálculos… Habría pensado que me estaban tomando el pelo. Pero vaya si es intensa. El problema es que esa maestría de Nolan sólo funciona cuando hay algo detrás, cuando la escena tiene que ver con el corazón de lo que la peli nos quiere transmitir. Este momento es espectacular no sólo por cómo está rodado y montado (amén del musicón omnipresente de Hans Zimmer), sino porque es la culminación de las aspiraciones del personaje de McConaughey. Él es el avatar del espíritu de exploración americano, el cowboy “elegido para la gloria” y ha renunciado a su familia y su amor por este momento, para venir al confín del mundo y ser un puto héroe. Esta escena cierra el círculo narrativo. Las de Matt Damon y Jessica Chastain son inútiles. De ahí que el clímax de Origen con sus múltiples escenarios paralelos y este montaje alternativo entre Tierra y planeta parezcan hechos por un director y un montador diferentes. Porque en este caso está vacío, no es más que pura paja de relleno.

    Para acabar me gustaría hablar de la reflexión que propone la película y cómo está articulada. Creo que en este caso no es tan sencilla ni tan fácil de aceptar como en otras películas de Nolan y puede que ahí esté la razón detrás de la diferencia de percepción que está teniendo Interstellar. Todo depende de si compras o no la tesis de la película. A mí personalmente me gusta. Sé que es un poco hortera, naïf o incluso ñoña, pero yo la compro, seguramente, porque soy un poco así y es el mismo motivo por el que me flipa Spielberg (a la sazón responsable original de esta película y se nota, sobre todo en ese principio tan Encuentros en la Tercera Fase). A mí me gusta pensar que el amor es una constante universal, que puede atravesar las barreras de espacio y tiempo y que sí, puede ser la guía para la exploración científica y la búsqueda de nuevo conocimiento. Es muy Hollywood decirnos además que es lo único que puede salvar a la humanidad, eso es cierto, pero bueno, son cosas que vienen con el logo de Warner Brothers al principio de una película y el cheque de cientos de millones, supongo. Creo además que es perfecta la idea de plantear esta reflexión a través de un cowboy atrapado en una vida familiar que no quiere, un hombre que ansía liberarse y explorar, y que termina yéndose al otro confín del universo para darse cuenta de que la respuesta a todas sus preguntas estaba en su casa, en la habitación (y en el corazón) de su hija. Creo además que el giro del paso del tiempo, de Matthew viendo en vídeo lo que ha perdido en estos veinte años, el sacrificio que ha hecho por su ansia masculina de abrir nuevas fronteras ahonda en la temática de la película y aporta uno de los momentos cumbres a nivel intelectual y emocional. Hay que hacerlo muy bien para llegar hasta ahí. Me gusta además que la película juegue a ir con él, a engañarnos y creer que está haciendo lo correcto, nos hace implicarnos con un aventurero, héroe clásico de película americana, para decirnos al final que se había equivocado. Aun así, creo que hay elementos que impiden que esta historia termine de calar tan hondo como quizás habría podido, además del ya mencionado interludio en Hoth. El hijo, por ejemplo. ¿Para qué sirve? Si desaparece y Matthew sólo tiene una hija, ¿qué se pierde realmente? ¿Y el abuelo? ¿No hace el mismo papel que Michael Caine, quedarse al cuidado para que el héroe se pueda ir sin que nos caiga fatal? La traición de Caine, la inutilidad de la misión, es clave para el tema de la película: Matthew ha estado todo el rato metido en una misión guiada por la cabeza, no por el corazón, han renunciado a su humanidad para salvar a la humanidad; guay, pero está muy mal vendida, no tiene peso en el desarrollo posterior de la discusión o de la misión (siguen con el plan de los embriones, lo del agujero es sólo un accidente) y encima deja de jugar porque los dos personajes que defienden esa postura mueren de manera absurda. Y el final. A mí personalmente me pareció un poco decepcionante ya a nivel visual ver a Matthew detrás de unos libros en plan diminuto (la cosa mejora un poco cuando pasa a una de esas estructuras fractales que tanto le gustan a nuestro Cris), pero sobre todo me pareció poco coherente en su representación del “power of love”. Creo que un nivel de abstracción mayor habría jugado a favor del momento. Prefiero mil veces el choque de manos fantasmal y poético en la nave con Anne que algo tan concreto y poco especial como las cuerdas, el morse y las manecillas del reloj. Me esperaba algo poético, grande, abstracto y lo que me da es algo mundano, concreto y pequeño. Yo esperaba un reencuentro padre e hija a través del espacio tiempo y va él y se lo reserva para un epílogo bastante inútil y, aunque no exento de emoción, demasiado brusco y decepcionante. ¿Por qué no aprovecha esa fuerza ahí en la habitación, que es el puto clímax? Hay mil maneras, podría ser algo más reconocible y emocional, como un abrazo, están en planos diferentes, pero se pueden “tocar” a través del infinito como con Anne y ahí ya si quieres le da unas palmaditas en morse en la espalda o yo qué sé. Tampoco voy a fingir que tengo una solución acojonante, pero creo que en cualquier caso es un error haber centrado ese clímax en una conversación con un robot que no está ni presente físicamente y postergar el contenido paterno filial para un epílogo que termina centrándose en Anne Hathaway (¿no llegaba con el momento de la manita para despedirnos de ella?).

    Todas estas son elecciones que me parecen curiosas porque juegan en contra de lo que Nolan parece querer contar y por eso me sorprenden. Sobre todo porque están dentro de un conjunto que ya digo que alcanza cotas muy muy altas en cuanto a emoción y que a mí me tuvo atrapadísimo hasta que empieza la exploración del segundo planeta. Muy pocos directores pueden conseguir lo que Nolan consigue en Interstellar. Muy pocos tienen la valentía o la ambición de plantearse siquiera lanzarse a este tipo de disquisición. Por eso Nolan tiene mi agradecimiento y admiración eterna entre esta corriente de antinolanismo que parece que se está extendiendo últimamente (aunque es cierto que también hay un grupo de fans talibanes). Creo que aún no ha alcanzado su cima y que lo hará no cuando se pliegue a la convención del cine tradicional y Hollywoodiense como muchos le reclaman de hacer pelis más divertidas, épicas o emocionantes (que a mí me flipan, pero son antinaturales en él), sino cuando deje volar del todo su verdadera naturaleza de hombre reflexivo. Porque si alguien puede hacer una disquisición intelectual trepidante y emocionante con una cámara, es él.

    M'agrada

  2. Imposible responder a todo lo que dices, pero me centraré en algunos puntos:

    – Estoy de acuerdo en que Nolan suele hacer un buen uso de los diálogos expositivos, pero creo que aquí chirría en algún momento. A mí me cortó especialmente el rollo a la escena de McConaughey flotando en el agujero negro, donde creo que precisamente es fácil de deducir lo que sucede y no necesitaba que nos lo explicara reiteradamente.

    – A mí tampoco me convenció toda la parte de Matt Damon, aunque luego sea relevante para inducir a la escena del acople giratorio. Además, creo que la sorpresa “curiosa” del cameo le quita un poco de protagonismo a la acción. Su discursillo expositivo es un poco plasta, una vez más, y la pelea con McConaughey es justilla, la verdad.

    – El tema de “el amor es lo que nos va a salvar porque es lo único que trasciende las dimensiones de tiempo y espacio” me parece un poco pasteloso, y aunque reconozco que es este toque profundamente humano que al final suele resolver toda ciencia-ficción (también ocurría en “Gravity”), me hizo torcer el gesto un poco. Eso sí, reconozco que la escena del agujero negro consiguió emocionarme.

    – Creo que lo que mejor resume esta película es –como digo en el post– que a pesar de todos los aspectos dudosos que puedo encontrar y aceptar en ella, me sigue pareciendo una pasada. A nivel emocional, hay que dejarse llevar; a nivel científico, lo has concretado muy bien: es su tesis, y puedes comprarla o no. Nolan no nos está dando una clase de física o astronomía, ni pretende imponer verdades universales, simplemente está haciendo una peli bajo una visión muy personal de las cosas. Entiendo a la gente que no quiera comprarlo, pero no a los que se ceban con él, y menos a los que se ceban con los que nos ha gustado la peli.

    – ¿Tú crees que alguna vez podrá librarse de las garras hollywoodienses? Yo lo veo dificil, ya que es un tío que vende como nadie, aunque sea solo por las polémicas que levanta cada vez. No veo a Nolan en plan Terrence Malick

    M'agrada

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